La odisea de un profesor novato. Parte I: retos y realidades

Fuente: Pixabay

Los primeros años de profesor son los más duros. En Estados Unidos dicen que si consigues traspasar el umbral de los 3-5 años en la enseñanza, tienes muchas más posibilidades de haber encontrado la profesión de tu vida. Y es que en ese tiempo, el maestro tiene una doble tarea: conseguir que sus alumnos aprendan y, además, aprender él mismo los engranajes claves de su profesión para realizar su trabajo de forma eficaz.

Mi primer año de enseñanza fue rápido pero intenso. Llegué a mi primer día de clase con un máster de educación, un buen conocimiento de mi materia, una pasión por enseñar y todas las mejores intenciones del mundo ¿qué podría salir mal? Cuando lo pienso con más perspectiva me doy cuenta que no hay mejor baño de humildad que la propia realidad educativa. Nunca antes había sentido tanta responsabilidad, tanto desgaste emocional y tan inundado por los diferentes retos como aquel año.

Al poco tiempo de empezar me di cuenta que no contaba con las herramientas necesarias para gestionar los problemas de comportamiento y otras dificultades que los estudiantes traen al aula. Mi formación estaba completamente centrada en la instrucción: qué método era el más efectivo para enseñar una lengua extranjera, qué destrezas se necesitan desarrollar para aprender español, cómo introducir la lectura en el aula, etc.

Sin embargo, para lo que no estaba preparado era para gestionar situaciones como:

  • ¿Qué hacer si un estudiante tira una bomba fétida en tu clase durante la primera semana de clases?
  • ¿Cómo lidiar con un estudiante que continuamente grita y falta el respeto a sus compañeros y al maestro?
  • ¿Cómo comunicarse con una madre que te amenaza porque su hijo está suspendiendo tu asignatura?
  • ¿Cómo ayudar a un alumno que se duerme en clase porque unos días está de marihuana hasta las cejas y otros días simplemente no duerme lo suficiente en casa?

Mi inexperiencia para gestionar los problemas de comportamiento en el aula, junto al añadido de enseñar en un sistema educativo extranjero, no me ayudaron a tener todo el éxito que hubiera querido en mi primer año de profesor. Y no me malinterpretéis, no hay otra experiencia en mi vida por la que esté más orgulloso de mí mismo. La mayoría de mis estudiantes aprendieron mucho español durante ese año y no fueron pocos los estudiantes que querían repetir conmigo de profesor al curso siguiente.  Sin embargo, yo ya no era él mismo. Mi ilusión por la enseñanza se había prácticamente esfumado y veía el día a día del docente como una experiencia de supervivencia profesional por llegar al siguiente día.

Es posible que si estás leyendo esto estés o hayas pasado por una situación similar. No sé cómo será tu estado de ánimo actual, pero a pesar de todo quiero compartir el siguiente mensaje contigo:

Enseñanza con esperanza

Sí, enseñar puede llegar a ser muy duro al principio. Y sí, es normal que se te haya pasado por la cabeza varios veces tirar la toalla. A pesar de todo eso, te puedo decir por experiencia que es posible levantarse, analizar lo que no funciona y poner remedios. Estoy en mi tercer año de enseñanza y aunque tengo un largo camino por recorrer, he recuperado la pasión por enseñar y la esperanza por llegar a ser un gran docente ¿Quieres saber cómo lo hice? No te pierdas la segunda parte de este artículo.

Si quieres continuar la conversación en los comentarios, tengo dos preguntas para ti:

  1. ¿Qué rutinas te ayudan a mantener el ánimo y una mentalidad positiva en la escuela?
  2. ¿Qué experiencias docentes te han ayudado a enamorarte de tu profesión?

 

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2 Comments

  1. Maria Agosto 16, 2016
  2. sanchezjonatan Agosto 16, 2016

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