Castigos ¿cuándo son efectivos?

Castigos

Fuente: Pixabay.

Los castigos son una técnica de corrección común del comportamiento. No obstante ¿son siempre la mejor opción disciplinaria?

Antes de meterme de lleno en el artículo, permíteme que te de un breve sumario de mi opinión como docente. Desde mi punto de vista, los castigos son necesarios, pero deben aplicarse sólo cuando sea necesario. Es decir, siempre considerando las circunstancias de los hechos. Y en general, tras haber intentado otras alternativas sin éxito. Adicionalmente, deben aplicarse de forma apropiada. Necesitan incluir al adolescente en la solución, fomentar su autocontrol y responsabilidad.

Vivimos en una sociedad en la que a un número importante de adolescentes no se les está poniendo límites en casa. Este hecho está provocando que muchos docentes se frustren con los problemas de comportamiento. Me gustaría compartir con vosotros un video que se ha hecho viral recientemente donde Dalina, una trabajadora social, ofrece su visión del asunto tras ser golpeada por una menor.

 

¿Qué os ha parecido el vídeo? Este es un caso extremo que desafortunadamente cada vez parece ocurrir con más frecuencia. Es lamentable que el sistema educativo no esté mejor preparado para protegernos y prevenir las agresiones a docentes y otros profesionales que trabajan con menores conflictivos.

Sin embargo, me gustaría aprovechar esta oportunidad para reflexionar sobre el concepto de disciplina entre todos.

Este mes estoy haciendo un curso sobre aprendizaje cooperativo con Santiago Moll, el autor del blog Justifica Tu Respuesta. En él hablamos sobre el concepto de disciplina positiva. Esta disciplina se basa en el lema de educar firme, pero amable. El foco no está en el castigo, si no en la responsabilidad. Y la firmeza no emana del miedo a la autoridad, si no en la asertividad y la empatía. Esto es uno de los grandes retos del docente del sigo XXI. 

¿Cómo? ¿EM-PA-TÍA? ¿Pero cómo se puede tener empatía por algunos adolescentes que incluso llegan a agredir a docentes, padres y profesionales educativos? En primer lugar, la mayoría de nuestros alumnos no van a ser como la menor que se describe en el vídeo. Y en segundo, incluso Dalina es un buen ejemplo de esta actitud. Aunque ha sufrido en carnes propias el lado más oscuro de esta realidad, todavía es capaz de usar su empatía para identificar las causas de estos problemas, al mismo tiempo que se muestra firme en la implantación de consecuencias para la menor. No mucha gente tiene la tenacidad e inteligencia de llegar a conclusiones tan certeras. Eso la honra mucho como profesional y añade un valor infinito a su testimonio.

De forma breve, se puede decir que la empatía es clave para lograr mayor eficacia a nuestra disciplina.

Mientras que la firmeza marca los límites necesarios para corregir los comportamientos, la empatía sirve de palanca para dirigir la atención del menor a tomar responsabilidad y ser parte de la solución (y no solo del problema). Las dos son necesarias y ambas se tienen que apoyar entre sí.

Por si aún no estás muy convencido, déjame que te deje un ejemplo imaginario. Manuel es un estudiante de tercero de la ESO y tiene problemas para controlar su comportamiento. En la última clase de inglés se frustra con Esperanza, una compañera, y le tira una bola de papel a la cabeza. El profesor le deja automáticamente sin recreo como castigo. Durante el recreo, Manuel concentra toda su energía mental en el castigo con los siguientes pensamientos: ¨esto es injusto, tampoco es para tanto¨, ¨el profesor es idiota¨ ¨¿por qué solo a mí? La tonta de Esperanza me estaba molestando también.¨ y ¨bueno, pues la próxima vez voy a hacerlo cuando el profesor no esté mirando¨.

¿De verdad estos son los cambios que queremos crear en nuestros adolescentes? Desde luego, siempre es mejor que haya límites que no tenerlos. Pero el problema de los castigos tradicionales es que interfieren en la oportunidad de aprender del error al poner el foco en la consecuencia y no en la solución. El adolescente se siente en un callejón sin salida y su responsabilidad se limita al pasado, pero no al presento o al futuro. El mensaje que reciben es este: ¨el daño está hecho y ahora la pagas¨.

Mi objetivo es que mis estudiantes puedan crecer como personas. Portarse bien solo cuando el profesor está mirando no es suficiente.

Quiero que mis estudiantes tomen responsabilidad de sus fallos y sean conscientes de su alcance. Además, quiero guiarles a tomar mejores decisiones en su futuro ¿Te gustaría explorar más el concepto de disciplina positiva? ¿Quieres conocer 5 alternativas al castigo tradicional? Rellena el formulario de abajo para recibir en tu email una guía sobre disciplina positiva con las claves para llevar la teoría a la práctica.

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2 Comments

  1. Sergio agosto 1, 2017
    • sanchezjonatan agosto 1, 2017

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